Erase una vez una niña alegre y distraída, la cual, siempre tenía un sonrisa en su rostro. Se tomaba la vida con mucho humor. Hasta se reía, muy sanamente, de su propia 'sombra'. Su comportamiento era sencillamente adorable. Quería participar en cada acción que se llevaba a cabo en su ámbito de actuación y su mayor y único deseo era ser escuchada, aceptada y querida.
Esa niña fue creciendo y se volvió cada vez más silenciosa y callada. Más hermética. Pareciera que no quería compartir su vida con quienes siempre habían estado con ella, a su lado. Cuando creció y le tocó enfrentarse a la sociedad y las primeras obligaciones de su vida, se apartó de aquellos que la querían; de todos aquellos que siempre estuvieron a su lado y que seguían con ella, a pesar de sus desplantes.
Era como si aquella niñita dulce y simpática hubiese desaparecido de la faz de la tierra, y su cuerpo hubiese sido ocupado por alguien distinto. Alguien que se encontraba de repente rodeada de desconocidos, en una casa extraña, aturdida por la desconfianza y la desazón. Aquello que hacía tiempo fue una mal día, por una mala actitud, por una acto equivocado, pasó a ser un hábito. La repetición de aquel hábito de desconfianza y aislamiento, la llevo a alcanzar una serie de costumbres, para encerrarse en sus propias preocupaciones. En su propio mundo, solo existía su nueva y trágica realidad. Y todas aquellas costumbres la condujeron a cosechar una nueva forma de ser, negativa y descontrolada, casi histérica, de alguien que había sido todo lo contrario.
Desde esa nueva actitud ante la vida, derivada de su nueva forma de ser, su mente y su cuerpo se comprometieron a seguir cumpliendo con aquel ritual, para no 'perder la razón' y poder seguir justificándose sobre aquellos actos que emanaban de su nueva conducta, hasta el punto en que su nuevo yo, la obligaba a ser así, porque ya no recordaba otra forma de proceder. Había anulado todo lo que no le interesaba, adaptándose a su nuevo rol de víctima, convenciéndose de que estaba sola en la vida. Incomprendida y aislada. Que no podía confiar en aquellos que antes eran su apoyo, y que no debía compartir con ellos sus inquietudes y preocupaciones.
Todo ello desembocó en una 'nueva persona', con el ego crecido en una determinada dirección, suplantando a su verdadero ser. Pero ¿quién o qué crees que pudo hacer cambiar a esta niña?
Sus padres, su familia, su círculo de amistades. La sociedad, las circunstancias individuales y personales vividas en cada situación. O la repetición de un conocimiento que ella interpretó como válido para protegerse, y que adecuó para afrontar su vida de manera inconsciente.
Después de todo, y a pesar de que en nuestra sociedad recurrimos a echar la culpa a los demás para todo, sabes que sólo tú eres responsable de cómo acabas actuando y cómo te termina afectando psicológica y mentalmente cualquier situación.
Desde que somos niños empezamos a echar la culpa a nuestros profesores por nuestros suspensos, aunque cuando aprobamos es mérito nuestro, claro está. Siempre que algo no sale como queremos, echamos la culpa a algún factor externo, como el tiempo, o la falta de algún elemento concreto, o directamente involucramos en nuestro fracaso a otra persona, porque 'no me dijo, no me ayudo, apareció de repente o sepa dios que excusas más'.
Pero esa manera de encarar tu vida, no es más que una forma de mantenerte en tu zona de confort. Término cuyo nombre, es muy engañoso. Pues una vida de disputas, confrontaciones y muchos 'pesares', puede ser tu zona de confort, porque es aquello a lo que te has acostumbrado. Tu única forma de vivir. Tu única manera de desenvolverte contigo mismo y con los demás.
La ciencia ha demostrado que somos nosotros mismos quienes creamos nuestra propia realidad. Así que la próxima vez que pretendas quejarte de alguien por estar donde estás y vivir la situación que vives, antes échale una mirada a tu espejo, porque encontrarás a la persona que te llevo hasta ahí.
La niña de esta historia cambió, y lo puede volver a hacer. Muchas personas antes que tú lo consiguieron. Y así seguirá siendo hasta el fin de los días.
Si hay algo en tu vida con lo que no estás conforme, es fundamental reconocer y aceptar, para poder superar los obstáculos y acabar siendo quien quieres ser. Solo tú eres dueño de tu vida. Coge las riendas y empieza a ser dueño de tu destino.
Todo ello desembocó en una 'nueva persona', con el ego crecido en una determinada dirección, suplantando a su verdadero ser. Pero ¿quién o qué crees que pudo hacer cambiar a esta niña?
Sus padres, su familia, su círculo de amistades. La sociedad, las circunstancias individuales y personales vividas en cada situación. O la repetición de un conocimiento que ella interpretó como válido para protegerse, y que adecuó para afrontar su vida de manera inconsciente.
Después de todo, y a pesar de que en nuestra sociedad recurrimos a echar la culpa a los demás para todo, sabes que sólo tú eres responsable de cómo acabas actuando y cómo te termina afectando psicológica y mentalmente cualquier situación.
Desde que somos niños empezamos a echar la culpa a nuestros profesores por nuestros suspensos, aunque cuando aprobamos es mérito nuestro, claro está. Siempre que algo no sale como queremos, echamos la culpa a algún factor externo, como el tiempo, o la falta de algún elemento concreto, o directamente involucramos en nuestro fracaso a otra persona, porque 'no me dijo, no me ayudo, apareció de repente o sepa dios que excusas más'.
Pero esa manera de encarar tu vida, no es más que una forma de mantenerte en tu zona de confort. Término cuyo nombre, es muy engañoso. Pues una vida de disputas, confrontaciones y muchos 'pesares', puede ser tu zona de confort, porque es aquello a lo que te has acostumbrado. Tu única forma de vivir. Tu única manera de desenvolverte contigo mismo y con los demás.
La ciencia ha demostrado que somos nosotros mismos quienes creamos nuestra propia realidad. Así que la próxima vez que pretendas quejarte de alguien por estar donde estás y vivir la situación que vives, antes échale una mirada a tu espejo, porque encontrarás a la persona que te llevo hasta ahí.
La niña de esta historia cambió, y lo puede volver a hacer. Muchas personas antes que tú lo consiguieron. Y así seguirá siendo hasta el fin de los días.
Si hay algo en tu vida con lo que no estás conforme, es fundamental reconocer y aceptar, para poder superar los obstáculos y acabar siendo quien quieres ser. Solo tú eres dueño de tu vida. Coge las riendas y empieza a ser dueño de tu destino.
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